Las pequeñas cosas

CosasUna de las cosas que a mí me parecen muy importante a la hora de escribir, son las pequeñas cosas, detalles, objetos, circunstancias, usos, lenguajes, etc. que se utilizan a lo largo de la escritura, y que a veces no están perfectamente a juego con la temporalidad en la que se mueve el relato. Son pequeñas cosas que se nos pueden pasar por alto a poco que nos descuidemos, y que luego afean grandemente el resultado. No hay que pensar que a lo mejor pasará inadvertido para la mayoría de los lectores: la posibilidad de que un solo lector, pudiera detectar la disonancia, nos debe motivar a evitarlas.

 Por ejemplo, en el siglo XI, no podemos hacer decir a un personaje, que dentro de media hora nos veremos en la torre. En ese tiempo ni existían los relojes, ni esa medida. ¿Como lo hacían?. Pues, he leido que utilizaban a veces como medida, el tiempo que duraba un rezo. Eso, si era necesario, pues en aquellos tiempos, existían muchas tiranías, pero la del reloj todavía no. No existían tampoco los botones. Ni los tenedores ni cuchillos, solo la sufrida y magnífica cuchara. Y los no menos magníficos dedos, para la carne.

 Otra cosa importante. ¿Cuanto costaba desplazarse desde Saraqusta a Osca o Barbastro?. A pie, a caballo, al trote, al galope, etc. Determinar esta duración, tambien es importante, o por lo menos, conviene ser lo más precisos posibles. En mi novela, tengo un desplazamiento de 1.800 kilómetros. Ya de por sí, da horror la distancia. Asi es que ahora, recórrela por caminos, trochas, veredas y montañas, con barro, aire, agua o todo a la vez.

 En fin, hay que poner atención a las pequeñas cosas, que son las que dan verdadera consistencia al trabajo.

 

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