Sijena en 1936 y 2016

sijena-causa-generalEl artículo que acompaña a esta entrada, fue publicado el 5 de Septiembre del 2016 en el diario El País.

Con posterioridad al artículo que añadí en la entrada que publique en el blog, inmediatamente anterior a ésta, se produjo la respuesta del abogado del Ayuntamiento de Villanueva de Sijena, Jorge Español Fumanal.

Como en esta réplica se matizan ciertos aspectos de aquella sin que, a mi parecer, ambas sean excluyentes, quiero incluirla para que quien lea este blog, pueda hacer las comparaciones que quiera.

Lo que parece claro, es que los incitadores a los que yo me refería en mi comentario anterior, vinieron de fuera, concretamente de Cataluña, y dado lo exacerbado de los ánimos en aquellos momentos y como siempre hay gente que se deja influenciar, movidos por ocultos resentimientos de todo tipo, y a los que hace falta muy poco para que convenientemente animados saquen a relucir lo peor de si mismos, no es incompatible que algunos vecinos de Villanueva de Sijena animados por los forasteros, cometieran la barbaridad de pegar fuego al monasterio con las monjas dentro.

Lo que también está claro es que el resto del pueblo, se volcó en la ayuda para apagar el fuego y a salvar lo que se pudiera.

Y también está claro, que lo que allí había de valor, fue a para a Cataluña. ¿Como? Pues eso es lo que han dilucidado los tribunales, y algo no cuadraría cuando las sentencias obligan a Cataluña a devolver lo que es de Sijena y no está en Sijena.

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El conservador del Museu de Lleida, Alberto Velasco, durante este verano, ha ido filtrando, solo a la prensa catalana, datos manipulados sobre las gentes de Sijena y los pleitos habidos sobre el cenobio. La primera manipulación, viene en un artículo en EL PAÍS titulado Sijena y la caja de Pandora donde Velasco se extraña que no hayamos reclamado una tabla del retablo mayor de Sijena que el Museo del Prado compró en 2003, alertando del posible desmantelamiento de museos. Todo esto descalifica de plano el belicoso discurso de Velasco, más interesado que nada en atizar un conflicto entre dos Comunidades hermanas como Aragón y Cataluña, dado que esa tabla no se puede reclamar porque ya había sido vendida antes de que en 1923 se declarase el Monasterio de Sijena monumento nacional, como ocurre con dos retablos de Sijena que se vendieron al MNAC antes de esta fecha, que tampoco reclamamos.

La función de los museos hoy día, no es expoliar monumentos, sino ayudar a mantenerlos y, a ser posible, reconstruirlos. Así, la norma 2.4 del Código ético de los museos (ICOM) dice: “Un museo no debe adquirir objetos cuando haya motivos razonables para creer que su obtención se ha conseguido a costa de la destrucción o deterioro de monumentos”. Dejar al Monasterio de Sijena sin su tesoro artístico, es producir su vaciamiento y destrucción.

La segunda manipulación, la lanza en un artículo suyo publicado en este diario este sábado en el que acusa a los vecinos de Sijena de ser los autores del incendio del Monasterio de Sijena. Para ello utiliza de forma parcial la Causa General abierta por las autoridades franquistas terminada la guerra civil. Pero lo que oculta Velasco, es que, hay en dicha Causa General, varios interrogatorios que no dejan lugar a dudas de quién provocaba esos incendios en Sijena y en los pueblos colindantes en el fatídico mes de julio de 1936.

Julio Zapater atestigua que el 21 de julio de 1936 “fuerzas de Asalto llegadas de Barcelona” profanan la iglesia de Ballobar y la de Loreto. Eduardo Estradera atestigua que ese mismo día llegaron a Chalamera “siete individuos armados desconocidos” que coaccionaron a los vecinos a desalojar la Iglesia y luego incendiaron las imágenes y ornamentos sagrados. Isidro Barber atestigua que el 23 de julio “llegaron a Alcolea de Cinca dos camiones de milicianos de Cataluña los cuales entraron en la Iglesia quemando el archivo parroquial y profanando imágenes”. Melchor Meler Sender atestigua que, el 23 de julio, avanzadillas de la columna Durruti llegadas a Albalate de Cinca “incendiaron la Iglesia que quedó completamente destruida”. José Sanz Villas atestigua que el 22 de julio llegaron “dos camiones de individuos desconocidos armados” que tiraron al suelo las imágenes religiosas y las quemaron. Enrique Pinedo, sargento de la Guardia Civil de Castejón de Monegros, atestigua que el 25 ó 26 de julio “llegaron las fuerzas de Durruti las cuales profanaron la Iglesia sacando fuera las imágenes y ornamentos sagrados siendo quemados sin que pudiera este hacer nada para evitarlo dado el gran número de milicianos que había, todos ellos armados”.

Finalmente, el testimonio más sobrecogedor y verídico, es el aportado por este abogado en el pleito de las pinturas murales de Sijena, la declaración del testigo Antonio Lerín Villas, quien dice ante el Fiscal de la Causa General: “Que sobre el 21 de julio de 1936 llegaron varios camiones con milicianos procedentes de Cataluña y que al día siguiente en unión de Julio Arribas, secretario del Ayuntamiento de Sijena, fue al Monasterio de Sijena para decirles a las monjas que esos milicianos iban a quemar el Monasterio, aconsejándoles que fueran al pueblo, pues, a los dos o tres días, ardió”.

Disponemos de otros testimonios que avalan esto, pero, de todos modos, quién pusiese la llama a la mecha, tiene ya poca importancia, y no vamos nosotros a abrir herida alguna con este asunto, pues, lo importante es, quién fue el instigador o autor intelectual del incendio, y esto lo deja claro Lerín: las avanzadillas de la Columna Durruti en su marcha desde Barcelona hacia el frente de Huesca, tal y como incendiaron las iglesias de Ballobar, Chalamera, Alcolea de Cinca, Albalate y Castejón de Monegros. Gente de Sijena, al ver arder el monasterio, lejos de incendiarlo como dice Velasco, bajaron a salvar su rico archivo medieval y los retablos que pudieron, jugándose sus vidas ante milicianos armados.

El Monasterio de Sijena tiene el derecho a ser reconstruido de la destrucción y barbarie que padeció, como le ocurrió al Monasterio de Poblet que había sido incendiado por lugareños catalanes en 1822. En el caso de Sijena, fue la primera sede del Archivo de la Corona de Aragón antes de que el rey Jaime II la trasladara a Barcelona.

Jorge Español Fumanal es abogado del Ayuntamiento de Villanueva de Sijena.

 

 

Sijena, 1936: la Causa General

Artículo publicado en El País, con fecha 2-9-2016

Con motivo de la sentencia judicial que obliga a Cataluña a devolver a Aragón los objetos y murales que se encuentran en el MNAC de Barcelona y en el Museo Diocesano de Lérida, se han disparado los niveles de conflicto entre las dos comunidades, dado que Cataluña se niega a aceptar todas las sentencias que le obligan a devolver todo lo que pertenecía al antiguo monasterio y  de los llamados Bienes de la Franja.

Desde la parte catalana, el mismo autor del artículo que acompaña a esta entrada (y supongo que con ánimo de desautorizar a los sijenenses su reclamación de todo lo que perteneció a Sijena), se dijo que el monasterio lo quemaron los propios vecinos de Villanueva de Sijena, lo que motivó que por parte aragonesa se desmintiera tal hecho y se culpara del hecho a las milicias catalanas de Companys.

Que la verdad debe de resplandecer siempre, tanto si es de nuestro gusto como no, es una máxima a la que deberíamos aspirar todos . Porque a estas alturas, ya sabemos todos, que la locura que invadió España y que nos llevó a una guerra civil, promovió un movimiento anti religioso, que junto al odio y a la incultura reinante, convenientemente azuzados por agentes y personas interesadas en este tipo de reacciones, destruyó gran parte de nuestro patrimonio.

Pero a estas alturas, no es tan importante saber quien lo hizo, que eso, a la vista de la documentación parece claro, sino dilucidar que lo que se salvó, tenía y tiene un propietario histórico original: Aragón. Los aragoneses de ahora, no son culpables de lo que hicieron otros aragoneses, enloquecidos por fanáticos aprovechadores de la incultura generalizada. Tenemos derecho a que se nos restituya lo que era, es y será nuestro: nuestro patrimonio cultural ya sea histórico, natural o artístico.

Y esa es la auténtica realidad: Que Aragón quiere que regrese el patrimonio que por unas razones u otras (no voy a entrar en ellas porque los tribunales ya lo han dilucidado, no en una, sino en varias sentencias) se encuentra en manos de nuestra comunidad vecina y antiguo miembro de la Corona de Aragon, Cataluña.

Y con el ánimo de que la verdad resplandezca por encima de todo, anexo el artículo del Sr. Alberto Velasco González, por parecerme esclarecedor.

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Las columnas libertarias salidas de Barcelona no fueron las que quemaron el monasterio oscense, pese a lo que se ha manifestado hasta ahora

El insigne monasterio de Santa María ubicado en la localidad de Villanueva de Sijena (Huesca) ha sido noticia en los últimos meses como consecuencia de dos sentencias judiciales. Dichas sentencias tienen que ver con su patrimonio artístico y han enfrentado a las comunidades de Cataluña y Aragón. A raíz del asunto, se han publicado numerosas noticias de prensa y artículos de opinión, en alguno de los cuales se intentaba demostrar algo que se viene afirmando de forma acrísijena-causa-generaltica desde hace tiempo: la responsabilidad de la Generalitat de Cataluña en el incendio y saqueo del monasterio durante la Guerra Civil española. Otras veces lo que se ha dicho es que fue quemado por “los catalanes” o por “milicias venidas de Cataluña” —en el mejor de los casos—, lo que se ha convertido en un mantra repetido hasta la saciedad con muy mala idea. Así pues, responsabilizar sin pruebas a una comunidad vecina, al gobierno de la Generalitat o a su presidente, el malogrado Lluís Companys, está poniendo de manifiesto una intencionalidad que nada tiene que ver con el ejercicio de la ciencia histórica.

El caso es que esta explicación de los hechos se ha aceptado, como decíamos, acríticamente y ya forma parte del discurso popular; cualquiera que visite Villanueva de Sijena y su monasterio podrá comprobarlo: de hecho, el viajero o el turista encontrará allí un cartel informativo donde se alude a esta versión de los hechos. Con todo, para quien esté interesado en lo que aconteció en Villanueva de Sijena entre julio y agosto de 1936 es fundamental la lectura de la Historia de Sijena, de Julio Arribas Salaberri, editada en Lleida en 1975. Arribas, sijenense ilustre y testigo directo de los hechos —fue secretario del Ayuntamiento en ese momento y escribano del Comité local—, apuntó que la responsabilidad de la destrucción del monasterio fue del Comité local; dicho llanamente: que la llevaron a cabo habitantes de aquella localidad. Menciona, además, que en los primeros días del alzamiento, llegaron dos hombres y dos mujeres de Barcelona que demostraron un comportamiento muy violento.

Extrañamente, en la reedición de su libro por parte del Instituto de Estudios Sijenenses, aparecida solamente dos años después, se suprimieron todos los detalles de los hechos. Anterior al relato de Arribas, tenemos el de Juan Manuel Palacios, cronista efectivo del Real Monasterio de Sijena, que en 1955 afirmó que el 25 de julio “el Comité ejecutivo de la Villa” tomó posesión del monasterio, aunque no menciona quién fue el responsable de la quema. Igualmente, en la introducción de su obra Arde Sijena! (2011), Miguel Ángel Pascual Ariste llega a la misma conclusión que Arribas y afirma con rotundidad que el incendio fue provocado por “los miembros del Comité, con el auxilio de unos forajidos que llegaron en un coche y camión procedentes de La Almolda”.

Algunos historiadores e interesados en el tema han especulado con la idea de que el incendio fuese provocado por alguna de las diversas columnas libertarias, salidas de Barcelona, que pasaron por allí camino del frente, pero las fuentes no lo confirman. Sorprende, en este sentido, que, a la hora de dirimir la autoría de la destrucción, no se invoque la relevancia de un documento fundamental: la Causa General conservada en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Algunos han utilizado documentos de dicha causa para explicar, de forma parcial, qué ocurrió en Villanueva de Sijena en esos fatídicos días, aunque llama la atención que en la articulación del relato de lo sucedido no se aluda a la Hoja de Estado número 3, con fecha de 2 de octubre de 1940, firmada por el alcalde y el secretario del Ayuntamiento. En este documento, consultable en la red a través del portal PARES (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), constan los desmanes y crímenes cometidos en la localidad y, lo que es más importante, sus supuestos autores con nombres y apellidos. Son diez nombres. Varios de ellos aparecen en el relato de Arribas Salaberri e incluso hoy día algunos de estos apellidos están presentes en la localidad. En la Hoja de Estado apuntada, junto a la fecha de 30 de julio de 1936, se lee: “Incendio, profanación, saqueo total, robo y destrucción completa, llegando incluso al desenterramiento de monjas del Real Monasterio de Sijena”. Se señala como causantes a las diez personas indicadas y se añade una frase terrible: “y la casi mayoría de vecinos”. Sorprendente y doloroso para los actuales habitantes del pueblo, puedo imaginármelo.

La Causa General promovida por el gobierno franquista es una fuente cuyo valor historiográfico está fuera de toda duda, pero, a pesar de ello, los especialistas en la Guerra Civil saben que las informaciones que ofrece siempre han de contrastarse. Se ha señalado que la objetividad de dicho proceso fue dudosa —y es cierto—, aunque en nuestro caso, el relato de Arribas Salaberri permite corroborar lo que allí se afirma. Sea como fuere, la Causa General es consultada frecuentemente por los historiadores interesados en el conflicto, pero también se ha utilizado en otros asuntos. Es el caso de uno de los dos litigios judiciales a los que aludía al principio: el de las pinturas murales románicas que embellecían el monasterio, arrancadas y salvaguardadas en plena Guerra Civil y hoy custodiadas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). La sentencia de un tribunal de Huesca (4 de julio de 2016) incorpora en sus fundamentos jurídicos (artículo noveno) un documento de la Causa General presentado por el Ayuntamiento de Villanueva de Sijena en el que un testigo parecía querer responsabilizar del incendio a “milicianos procedentes de Cataluña”, aunque finalmente acabó afirmando que ignoraba quién fue el causante real. Sorprende, por tanto, que el consistorio sijenense y el abogado que lo representa, conocedores de los contenidos de la Causa General, no aportasen el documento en que se responsabiliza de los hechos a los vecinos de la localidad.

Algunos lectores se preguntarán qué interés tiene, a estas alturas, saber quiénes fueron los responsables del incendio de Santa María de Sijena. A mi parecer, no lo tiene, salvo para acabar con las especulaciones interesadas de aquellos que han llegado a relacionar burdamente la quema del monasterio y el posterior arranque de las pinturas murales, y para rebatir con pruebas y documentos lo afirmado por algunos académicos. A día de hoy no existe ninguna evidencia que permita aseverar que el monasterio lo quemaron milicianos llegados de Barcelona que se hallaban bajo la autoridad del gobierno catalán. Ni una sola. En cambio, el expediente de Villanueva de Sijena contenido en la Causa General, así como el testimonio directo de Arribas Salaberri, apuntan hacia los propios vecinos de la localidad.

Ante la evidencia, creo que todos aquellos que alguna vez han acusado del incendio a los catalanes, a las milicias catalanas, al president Companys o la Generalitat de Cataluña, deberían reflexionar de forma serena y profunda. Hoy en día, las relaciones entre Aragón y Cataluña ya están lo suficientemente revueltas como para que nos enzarcemos en según qué discusiones y, mucho menos, cuando, como en esta ocasión, parece que no hay debate posible. Algunos dicen que la memoria histórica no es importante, que no hay que abrir heridas del pasado, pero casos como el de Villanueva de Sijena demuestran todo lo contrario. Por todo ello conviene reivindicar la necesidad de conocer, pues la verdad nos permitirá vivir con más dignidad.

Alberto Velasco Gonzàlez es conservador del Museu de Lleida.

 

Bob Dylan, premio nobel de Literatura 2016

bob_dylanEste año el premio nobel de Literatura ha recaído en Bob Dylan, un músico, lo que ha suscitado comentarios para todos los gustos. Unos ven mancillado el sacrosanto templo de la Literatura, y otros que ya era hora que los de la Academia Sueca, modernizaran sus esquemas.

Sin entrar en si estos señores se han modernizado o no, a mí me parece muy bien que se le haya concedido a este cantautor el nobel. En el fallo se indica, a modo de justificación o explicación, que sus letras son como poemas con música y que de ahí su relación con la Literatura. Pero creo que sobraban.

La Música, al igual que el Cine o el Teatro, tiene una muy ajustada relación con la literatura y que las grandes canciones y/u obras de cine o teatro, se cimentan precisamente en su soporte escrito o literario. Evidentemente, en la música, el otro ingrediente fundamental es la partitura.

Por tanto, no me parece a mí que haya motivo alguno para que algunos se rasguen las vestiduras por tal nominación, porque a mi modo de ver, en la música, los dos componentes, letra y partitura, se complementan. Y en las creaciones de Bob Dylan, de forma extraordinaria. Y literatura es todo lo que se escribe, ya sea en forma de poema, libro, libreto o letra de una canción. De ahí, el nobel de Literatura. Enhorabuena señor Dylan.